Las lecturas que
trataré en esta entrada son las siguientes:
-
Margetic,
Emmanuel. The making of a profesional translator
-
Zetzsche,
Jost. The translation technology run-down
-
Hemera,
Annette. Translation as a business
Aunque son muchos los
aspectos que ya se han analizado acerca de la profesión del traductor e
intérprete, considero oportuno comentar algunos que me han interesado de los
textos que he leído.
Durante este período ha
surgido un sector de la población que al haber recibido una educación bilingüe
considera que es perfectamente capaz de traducir de una lengua a otra. Esto no
es tan cierto como parece, puesto que hay otras muchas competencias que debe
tener un traductor que una persona bilingüe no posee.
Lo cierto es que si un
traductor se para a pensar en las ventajas e inconvenientes de esta profesión
puede que de las segundas encuentre un mayor número: largas horas de trabajo,
en ocasiones un sueldo escaso, continuamente formándose… No obstante, hay algo que hace que todavía
sigamos peleando por sacar adelante esta profesión, algo tan simple y a la vez
tan grande como nuestra vocación y nuestra pasión por hacer lo que nos gusta y
lo que hace que cada día merezca la pena intentarlo.
Volviendo a las nuevas
tecnologías, es esta combinación de conocimientos lingüísticos,
extralingüísticos (cultura de nuestras lenguas de trabajo) , informáticos así
como nuestra vocación la que hace que se creen traductores competentes en el
mercado.
Estos textos ponen a
disposición del profesional de la traducción algunas herramientas que pueden
ser útiles, como el caso de las herramientas terminológicas, que pronto llevaremos
a la práctica.
No obstante, la parte
que más me ha llamado la atención es aquella en la que se da consejos al
traductor autónomo / freelance sobre cómo llevar adelante su negocio, analizando
los aspectos que tiene que tener en cuenta para que este negocio tenga éxito:
eficiencia, recursos empresariales, publicidad y marketing, usuarios a los que
se va a vender el productor, etc. De este modo se expone que ahora un traductor
profesional no tiene suficiente con tener conocimientos informáticos y
traductológicos, sino que también tiene que saber cómo llevar a cabo un negocio
para poder sacarle partido.
Parece que se complica
el trabajo. No desistamos, nadie dijo que fuera a ser fácil.
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